jueves, 27 de mayo de 2010

HIJO DE LA SOMBRA

Esta tarde, he sido invitado, junto con otras personas y asociaciones, a recitar un poema de Miguel Hernández en un Homenaje al poeta, que organiza el Partido Socialista de Cieza. Y he elegido “Hijo de la sombra”.

Quizás uno de los trípticos de poemas más esplendorosos y conmovedores que ha logrado la poesía amorosa en España, sea «Hijo de la luz y de la sombra» (unas serie de borradores aparecidos en Seis poemas inéditos y nueves más, edición de Vicente Ramos y Manuel Molina, Alicante,1951).
Los entendidos en la poesía de Miguel Hernández consideran a la «noche» o «sombra» como la expresión de una «voluntad cósmica», una voluntad que le atrae y le arrulla ya en la cárcel, aunque a mí me parecer que la «sombra» se refiere al lugar donde van los seres que se han ido, o se van a ir, esencia de la nada. Mientras que la «luz» sería como la esperanza de una nueva vida; vida posible en el futuro incierto del poeta, de España y de su mundo poético.

Eres la noche, esposa: la noche en el instante
mayor de su potencia lunar y femenina.
Eres la medianoche: la sombra culminante
donde culmina el sueño, donde el amor culmina.

Forjado por el día, mi corazón que quema
lleva su gran pisada de sol a donde quieres,
con un solar impulso, con una luz suprema,
cumbre de las mañanas y los atardeceres.

Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arroje
su avaricioso anhelo de imán y poderío.
Un astral sentimiento febril me sobrecoge,
incendia mi osamenta con un escalofrío.

El aire de la noche desordena tus pechos,
y desordena y vuelca los cuerpos con su choque.
Como una tempestad de enloquecidos lechos,
eclipsa las parejas, las hace un solo bloque.

La noche se ha encendido como una sorda hoguera
de llamas minerales y oscuras embestidas.
Y alrededor la sombra late como si fuera
las almas de los pozos y el vino difundidas.

Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente,
la visible ceguera puesta sobre quien ama;
ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente,
ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama.

La sombra pide, exige seres que se entrelacen,
besos que la constelen de relámpagos largos,
bocas embravecidas, batidas, que atenacen,
arrullos que hagan música de sus mudos letargos.

Pide que nos echemos tú y yo sobre la manta,
tú y yo sobre la luna, tú y yo sobre la vida.
Pide que tú y yo ardamos fundiendo en la garganta,
con todo el firmamento, la tierra estremecida.

El hijo está en la sombra que acumula luceros,
amor, tuétano, luna, claras oscuridades.
Brota de sus perezas y de sus agujeros,
y de sus solitarias y apagadas ciudades.

El hijo está en la sombra: de la sombra ha surtido,
y a su origen infunden los astros una siembra,
un zumo lácteo, un flujo de cálido latido,
que ha de obligar sus huesos al sueño y a la hembra.

Moviendo está la sombra sus fuerzas siderales,
tendiendo está la sombra su constelada umbría,
volcando las parejas y haciéndolas nupciales.
Tú eres la noche, esposa. Yo soy el mediodía.

Un hermoso poema que deberían conocer, aprender o estudiar nuestros jóvenes en los institutos, como un ejemplo de la poesía amorosa hecha por un joven poeta español al que le robaron la vida demasiado pronto, un huérfano del 27.

1 comentario:

Antonio D. dijo...

Entrada muy interesante. Gracias por compartirla.
Saludo.s